La “sensibilidad” en el adiestramiento del perro

Raza, experiencias, individuo…

Conociendo la sensibilidad general de nuestro perro, sabremos también qué es lo que más le puede gustar (refuerzos) y lo que debemos evitar (castigos), conoceremos sus puntos fuertes y sus limitaciones. Sólo así podremos ser justos y consecuentes cuando preparemos planes de educación/adiestramiento.

Es difícil hacer convivir dos palabras tan ambiguas y a la vez tan manidas en los círculos caninos: “sensibilidad” y “problema de conducta”, por eso es obligado huir de definiciones técnicas de difícil comprensión.
Sensibilidad: Es la capacidad de sentir, de percibir y captar su entorno. Por lo tanto existen muchas sensibilidades diferentes en los perros, y no necesariamente serán todas elevadas, medias o bajas en un determinado individuo. Puede, y de hecho así es, darse que un perro sea extremadamente sensible en su olfato, y muy duro (poco sensible) en su sensibilidad al dolor físico, por mencionar un ejemplo.

Diferentes sensibilidades
Es por tanto muy importante saber cómo son nuestros perros, al menos en las “sensibilidades básicas”, pues de ellas dependerá en gran medida nuestro éxito en el adiestramiento y la mayor o menor posibilidad de que se den problemas de conducta en el futuro (o que algunos problemas tengan su origen en una determinada sensibilidad). Así, la sensibilidad olfativa nos ayuda a establecer rutinas de juegos de nariz, la sensibilidad auditiva nos puede causar problemas con los ruidos fuertes, la sensibilidad al tacto nos dará pautas acerca de cómo tocar o manipular… Las “diferentes sensibilidades” son propias de cada individuo, y pueden moldearse en mayor o menor medida, pero siempre debemos tener en cuenta que trabajaremos con una “base de sensibilidades”.

La sensibilidad depende de la raza
Ya que los perros actuales provienen de diferentes selecciones realizadas a lo largo de cientos o miles de años, no es de extrañar que esas razas hayan desarrollado (perfeccionado, o disminuido) sus diferentes capacidades para “sentir el entorno”. Así, los perros de pastoreo que han vivido durante generaciones en entornos silenciosos y tranquilos, como el border collie, son más sensibles que los perros de caza a los ruidos extraños (petardos, disparos…), de igual modo, los molosos son más tolerantes al dolor físico que otras razas más sensibles.

Pero también del individuo
Pero esa carga genética de sensibilidad que cada perro lleva consigo por pertenecer a tal o cual raza es sólo una base. El periodo de socialización es crítico en este sentido, y un cachorro que sea expuesto de forma controlada a entornos ruidosos -sea de la raza que sea- será un adulto más tolerante que otro que no los haya vivido en su infancia (tendrá la misma sensibilidad, pero será más tolerante). De igual modo, un cachorro manipulado con brusquedad puede desarrollar una excesiva sensibilidad al tacto…

Conociendo la sensibilidad general de nuestro perro, sabremos también qué es lo que más le puede gustar (refuerzos) y lo que debemos evitar (castigos), conoceremos sus puntos fuertes y sus limitaciones. Sólo así podremos ser justos y consecuentes cuando preparemos planes de educación/adiestramiento

¿Y la sensibilidad mental?
Cierto, estamos hablando de diferentes sensibilidades físicas, pero también existe la sensibilidad mental, la capacidad del perro para empatizar o crear vínculo con uno o varios humanos y adaptarse a diferentes entornos o situaciones.

¿Te suena aquello de perros de un solo dueño? Por lo general se trata de perros con una sensibilidad mental elevada, que crean un vinculo muy sólido con un humano o un pequeño grupo de humanos. De nuevo es obligado referirse a los perros de pastoreo (trabajadores en equipo con un humano durante largas jornadas en todo tipo de circunstancias), como los perros más vinculados a uno o un pequeño grupo de humanos. Otros perros que trabajan de forma autónoma (un ejemplo sería el mastín, capaz de manejar y cuidar grandes rebaños sin intervención del hombre, o los perros de guarda en general) son perros más adaptables porque  su sensibilidad mental es inferior (no tiene nada que ver inteligencia con sensibilidad).

Aplicación a la educación/adiestramiento
Ya tenemos unas “sensibilidades” que dependen de la raza, otras que se forman o minimizan con las experiencias vividas en los primeros meses de vidad (durante la socialización), un tercer grupo que serían las “sensibilidades adquiridas” que dependerán de las experiencias. Y además sabemos que hay diferentes tipos: sensibilidad física (por ejemplo la olfativa, visual, tacto…), sensibilidad mental (tolerancia a estímulos, al estrés, como puede ser el castigo), y físicas-mentales (los petardos alertan un sentido, pero desencadenan miedo o estrés en algunos perros). Con todos estos datos, lo más importante es observar a nuestro perro, saber hasta dónde puede llegar, por qué “falla” en algunos momentos, o por qué es tan brillante en otros. ¿Estamos ante problemas de conducta o problemas que se deben a una determinada sensibilidad ante algo que no habíamos percibido?

Sabremos también qué es lo que más le puede gustar (refuerzos) y lo que debemos evitar (castigos), conoceremos sus puntos fuertes y sus limitaciones. Sólo así podremos ser justos y consecuentes cuando preparemos planes de educación/adiestramiento.

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