Los collares de castigo serán multados en Madrid

El BOCM la LEY 4/2016, de 22 de julio detalla la Ley de Protección de Animales de Compañía de la Comunidad de Madrid

Collar-electrico

Y entrará en vigor el próximo mes de febrero…

Collares de pinchos, eléctricos, de “ahorque”…
Es uno de los puntos más controvertidos de la nueva Ley. En el resto de apartados hay un mayor consenso entre los profesionales del adiestramiento, animalistas, propietarios… Pero el punto 7 (prohibiciones) en el apartado V detalla con claridad: Prohibiciones. Utilizar collares de ahorque, pinchos o eléctricos que resulten dañinos para los animales. Y para esta infracción “grave” se establecen multas desde los 3.001 euros hasta los 9.000 euros.

Por tomar una referencia, el uso de este tipo de collares se equipara en gravedad a “La omisión de auxilio a un animal accidentado, herido, enfermo o en peligro, cuando pueda hacerse sin ningún riesgo ni para sí mismo, ni para terceros”, o “El ejercicio por parte de veterinarios no oficiales que no cuentan con el reconocimiento de veterinario colaborador, de funciones propias de los veterinarios oficiales en programas específicos de protección y sanidad animal o de salud pública”. Y más grave que las calificadas como leves, en cuya categoría están “Trasportar a los animales en condiciones inadecuadas o en maleteros que no estén especialmente adaptados para ello, siempre y cuando los animales no sufran daños evidentes” o “Regalar animales como recompensa o premio”.

Escocia pregunta a la población sobre el uso de collares eléctricos en el #adiestramiento de los #perros.

Si eres habitual de Doogweb sabrás que no somos precisamente partidarios de este tipo de herramientas (collares de castigo, eléctricos…), pero una vez más la Ley se aleja del sentido común y de la realidad. Y las clasificación de las sanciones es incoherente y de difícil aplicación ¿quién puede determinar cuándo el uso de este tipo de collares se puede considerar “dañino”? Tal vez cuando produzca una molestia… Pero un arnés de pecho también es molesto para los perros, y lo mismo sucede con los collares de hocico. ¿Tal vez se deberían prohibir también?

Los partidarios de permitir su uso argumentan que son simples herramientas -ni “buenas” ni “malas”- que bien empleadas pueden ser muy útiles,  por ejemplo, en determinados protocolos de modificaciones de conducta.

Pero los detractores explican que no hay ningún motivo que justifique el uso de métodos que puedan suponer dolor y que siempre existen alternativas más “amables”.

La controversia está servida…

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