Productos y alimentos que no deben comer los perros

Guía práctica para «sobrevivir» a la Navidad

Productos y alimentos que no deben comer los perros.Llegan las fiestas familiares, las comilonas y los excesos. Las farmacias venden más bicarbonato, sal de frutas y Almax que en cualquier otro momento del año… pero no aprendemos.

En esas cenas y comidas pantagruélicas también estarán nuestros perros, y con seguridad familiares y amigos que -con la mejor de las intenciones- le dan una tira de turrón, tal vez un poco de cordero, e incluso una docena de uvas. Además, es fácil que ante tanto alboroto y un ambiente lleno de olores no habituales (por personas no habituales y también por comida) los peludos olviden por unos días sus buenos modales y exhiban todo su repertorio de «doy mucha pena, dame algo aunque sea un poquito…», y lo consiguen, ya lo creo que lo consiguen.

En el mejor de los casos, la «gracia» de darle al perro un capricho se saldará con vómitos o una diarrea pasajera

Es evidente que muchos alimentos humanos son peligrosos por razones mecánicas (huesos astillados, obstrucciones intestinales…), pero existen infinidad de alimentos que consumimos habitualmente que pueden causar problemas muy serios en nuestros perros: Chocolate (tóxico), cebollas (anemia), dulces, frutos secos, uvas (problemas renales)… Por no mencionar la sal, presente en la casi totalidad de nuestros alimentos en mayor o menor medida, que es responsable de desequilibrios en los electrolitos.

En el mejor de los casos, la «gracia» de darle al perro un capricho se saldará con vómitos o una diarrea pasajera, pero no debemos olvidar que el metabolismo del perro no procesa de igual forma los alimentos que el humano. Las uvas, por poner un ejemplo, no son en absoluto apropiadas como «premio» para los perros… Y las uvas son el símbolo de la entrada en el nuevo año, y claro más de un@ se pregunta… ¿por qué no preparar un pequeño platito con una docena de ellas para el perro?

No todos los perros reaccionan igual ante los alimentos humanos. Los hay que apenas notarán nada, mientras que otros pueden caer muy enfermos. Por regla general los perros más grandes y sanos pueden tolerar mejor los «excesos» que los pequeños y débiles. La «pregunta del millón» es ¿por qué les damos comida nuestra en Navidad si no lo hacemos el resto del año? Ellos no ven los anuncios, ni hacen cola en los grandes almacenes, no saben de regalos físicos al son de la mercadotecnia -sí saben y entienden los regalos emocionales, no lo olvidemos-), no ven programas horribles e interminables en la TV por Nochevieja,  ni compran lotería que nunca toca. Las Navidades son un momento perfecto para reunir a los seres queridos, pero no hagamos partícipes a los perros de nuestros ritos gastronómicos de humanos.

Y si no te ves capaz de controlar a ese familiar pesado que siempre le da algo al perro, o te sientes culpable por tener una bandeja repleta de turrón y polvorones presidiendo el salón, prepara también una bandejita navideña perruna con una selección de galletas (especificas de perro, claro), o algo tan sencillo como bolitas de pienso de una marca que no sea la que come habitualmente (ya sabes, todos los piensos les encantan los primeros días como novedad, Año Nuevo, 12 bolitas de pienso). ¡Feliz Navidad!

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