Ventajas de adoptar un perro adulto

Los perros adultos tienen mucho más difícil que los cachorros salir de las protectoras a una nueva vida

Ventajas de adoptar un perro adulto.

Acabar con sus huesos en un albergue o protectora es una desgracia por la que pasan muchos perros cada día. De alguna forma son incluso “perros afortunados”, ya que vagando por las calles los peligros acechan a cada momento. Algunos de estos perros son pequeños cachorritos que para buscar una nueva oportunidad juegan con la ventaja de ser entrañables, juguetones, pequeños peluches que enamoran a primera vista… pero otros muchos son adultos, y para ellos pasan los meses sin la esperanza de que nadie se fije en ellos.

Adoptar un perro adulto, ¿por qué no?

Las ventajas de la adopción de perros adultos son innegables. Ya conocemos el tamaño que tiene, ha pasado las peligrosas enfermedades de la infancia, nos podemos hacer una idea bastante aproximada de su carácter (en la protectora nos asesorarán perfectamente si puede convivir con otros animales si es tranquilo o revoltoso, si es «escapista»…), ya está esterilizado/a, sabemos si padece algún problema de salud, etcétera.

Antes de adoptar

Independientemente de si se trata de un cachorro o un perro adulto, de raza o cruce, incorporar un perro al hogar conlleva una serie de responsabilidades, gastos y quebraderos de cabeza que debemos asumir. A partir de ahí, si la decisión es adoptar, debemos elegir el perro que mejor se pueda integrar en nuestro estilo de vida (valoraremos tamaño, actividad, mantenimiento que necesita…) y, lo más importante de todo, debemos ser consecuentes con nuestro nivel de implicación y conocimiento. Debemos hablar con las personas responsables de la protectora y ser sinceros (si es nuestro primer perro lo diremos sin complejos ¡nadie nace sabiendo!).

Una vez en casa, en realidad las pautas a seguir con un perro adulto no difieren demasiado de las que llevaríamos a cabo con un cachorro

La llegada a casa

Evidentemente lo primero es pasar por el veterinario a repasar la cartilla del perro, comprobar que todo está al día, hacer un chequeo general. Muchas protectoras –la mayoría– te entregarán el perro con su cartilla perfectamente al día, controles de Leishmania, con chip e incluso bañado. Rellenarás un contrato, y es probable que desde la protectora realice un seguimiento para comprobar que todo va bien.

Y, una vez en casa, en realidad las pautas a seguir no difieren demasiado de las que llevaríamos a cabo con un cachorro: Una buena idea es recoger al perro un viernes, de esta forma podemos dedicar el fin de semana a dar los primeros pasos en su adaptación a una nueva casa.

  • Según salgamos del coche hay que dar un paseo largo, tranquilo, sin prisa… Os estáis conociendo, y él además está ante un mundo nuevo. Tiene que procesar todos esos olores. Unos juguetes (las pelotas que pitan son el “atractivo universal”) y media docena de salchichas serán los primeros recursos que necesitarás.
  • En casa tendremos preparados un sitio para su cama, y otro para su comida. Muy pronto los aprenderá (no olvides algunos juguetes, ¡no sólo juegan los cachorros!).
  • No forzaremos nunca las situaciones. Puede tener miedos, si no le gusta el ascensor, o la terraza, o…, lo intentaremos con comida o juguetes, pero nunca con la fuerza. Sus niveles de estrés son altos en este momento, y no tenemos por qué incrementarlos aún más. No hay prisa… Y además ¡todavía tenemos unas pocas salchichas en el bolsillo para convencerle!
  • Al igual que haríamos con un cachorro, desde el primer momento comenzaremos con la rutina diaria: se sale a tal hora, se come a tal otra, éste es tu sitio…
  • Y lo mismo sucede con la educación: comienza en el mismo momento en el que el perrete llega a casa. Educar a un perro adulto adoptado es muy difícil, ¿no? Lo cierto es que no, más bien sucede al contrario. Una vez más menospreciamos la inteligencia de los perros. Cuando un perro llega a casa se encuentra en un estado de estrés importante, de ahí que no debamos forzarle nunca, pero al mismo tiempo se encuentra en un estado de extraordinaria receptividad. El perro es perfectamente consciente de que todo está cambiando (el escenario, los humanos que hay a su alrededor, las “reglas del juego” en definitiva), y se encuentra atento a todo, ansioso por procesar información acerca de quién “manda”, quién controla la comida, los espacios, dónde se come, cuál es el sitio seguro, cuál no lo parece tanto… Si aprovechamos bien los primeros días (suele ser una semana aproximadamente el periodo mínimo de adaptación), el perro habrá comprendido cuál es su sitio en casa.

Son frecuentes los casos de perros adoptados que se pierden, se desorientan, porque sus dueños los han soltado a la primera de cambio en el parque más cercano

Los 3 errores que debemos evitar

1. Sentir pena, bajar la guardia, ser permisivos en exceso. Especialmente si adoptamos un perro que sabemos ha pasado malos momentos es frecuente pecar de hiper-afecto. Ya habrá tiempo para ello, ahora estamos sembrando para el futuro, y debemos ser estrictos con las reglas que queremos sean respetadas (ya sabes… no le dejes subirse a la cama ahora porque “el pobre acaba de llegar”, si pasados unos días te va a molestar).

2. Frustración. El proceso de adaptación no será rápido, con un cachorro del mejor de los criadores tampoco lo sería (lloraría por las noches, mordería los muebles, sólo pensaría en jugar…). El tiempo juega a nuestro favor y cada día notaremos cómo se va creando un vínculo entre el perro y nosotros.

3. Precipitarnos. Ese periodo de receptividad del que hablábamos nos puede engañar, y hacer que nos confiemos pensando que en pocos días ya está todo hecho. Mucho cuidado sobre todo, con soltar a un perro recién llegado. Son frecuentes los casos de perros adoptados que se pierden, se desorientan, porque sus dueños los han soltado a la primera de cambio en el parque más cercano. Las primeras semanas lo soltaremos sólo en entornos controlados. No hay prisa, y sí muchos peligros si nos precipitamos.

Y ¡a disfrutar del nuevo miembro de la familia!

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