Miedo Vs. estrés en los perros

Por qué se confunden «miedo» y «estrés» en los perros

En perros sometidos a mucha presión (por ejemplo perros militares), el guía siempre es responsable de gestionar sus niveles de estrés. La vida de ambos depende de ello.

Hace años no se hablaba de estrés en los perros, todo se achacaba al miedo o al nerviosismo, pero no se contemplaba la posibilidad de que un perro sufriera los efectos del estrés. El denominado «estrés» era una «enfermedad» reservada sobre todo a personas con trabajos de alta responsabilidad, a ejecutivos. Sin embargo, hoy en día sabemos qué es el estrés, cómo afecta a las personas (a todas) cómo afecta a los perros (también a todos) y, lo más importante, cómo evitarlo.

Estrés positivo Vs. Estrés negativo

De hecho, hablar genéricamente de «estrés» como algo negativo ya es por sí mismo un error. El estrés como tal no es negativo, todo lo contrario. Un ser vivo (hombre, perro… no importa) debe sufrir situaciones de estrés para ser más fuerte, más versátil, aprender, solucionar… el estrés positivo o eustrés, que aporta energía al organismo y permite que todos los órganos «funcionen» con picos de actividad que mejoran la capacidad general del individuo (física y psíquica). Cuando las situaciones a las que se somete el perro (o persona) son de una intensidad apropiada a ese individuo y se «gana», el estrés se convierte en algo placentero y motivador, es pura satisfacción por «haberlo conseguido».

Pero el exceso de estrés puede convertirse en distrés (estrés negativo), y generar estados de ansiedad y diferentes daños tanto fisiológicos como psicológicos. Cuando el perro no es capaz de solucionar la situación que le estresa (que le someten a una tensión extra), se empieza sobrepasar la barrera. Los recursos que el cuerpo pone en funcionamiento para solucionar la situación no son suficientes, y esa sobrecarga es lo que podríamos denominar estrés negativo (distrés)… o lo que -simplicando- popularmente se denomina sólo como «estrés», pero que en realidad es un estado de ansiedad que al principio puede pasar inadvertido, pero que hiper-activa el sistema simpatico-adrenérgico hasta destruir la percepción del medio en el que se vive, hiper-sensibilizando al perro a diferentes estímulos neutros.

Uno de los problemas es cada perro tiene unos umbrales de estrés tolerable diferentes. Existen razas especialmente delicadas o sensibles, y otras más tolerantes o duras, pero lo más importante es conocer cómo reacciona al estrés nuestro perro en concreto como individuo.

Cada perro como individuo tiene su propia tolerancia al estrés, aunque es cierto que existen razas más sensibles que otras

Evitar las situaciones de estrés en nuestros perros es fácil si se trata de animales de compañía. Sólo es necesario un poco de sentido común y hacer las cosas bien. Es infinitamente más complicado en perros militares o de trabajo.

¿Qué produce estrés en los perros?

Situaciones físicas como calor, frío, hambre, agresión, competitividad, exceso de actividad… provocan reacciones estresantes. Pero no menos importantes son las situaciones psicológicas que pasan inadvertidas: exceso de presión (por ejemplo en perro de trabajo o deporte), correcciones continuas, castigos…

Evitar las situaciones de estrés en nuestros perros es fácil si se trata de animales de compañía. Sólo es necesario un poco de sentido común y hacer las cosas bien. Es infinitamente más complicado en perros de trabajo (ver artículo de estrés postraumático en perros militares), unidades caninas del ejército de rescate o policiales (un error en el manejo del estrés canino puede acabar con la vida de guía y perro), e incluso en los utilizados en deporte. La exigencia en estos perros es muy alta, y saber gestionar los niveles de estrés en el perro requiere mucha experiencia por parte del guía. Incluso en actividades placenteras o lúdicas, como pueden ser las habilidades caninas, el riesgo de alcanzar el umbral del estrés (negativo) está siempre presente por excesiva exigencia, mala comunicación del guía, falta de método y criterio, exceso de correcciones… En definitiva, se puede sobrepasar la barrera de forma totalmente innecesaria por mala gestión del estrés (del guía) y frustración en el perro (no sabe como «solucionar» el problema al que enfrenta). El guía siempre debe conocer hasta dónde llega su perro sin superar ni acercarse al umbral del estrés negativo.

Entonces… ¿qué pasa con el miedo?

No hemos mencionado el miedo deliberadamente para intentar demostrar que el estrés puede existir (y de hecho es así en la inmensa mayoría de los casos) sin que exista miedo como desencadenante, ni siquiera como asociación. Un perro obsesionado por las pelotas no tiene en absoluto miedo, pero sí puede padecer niveles muy elevados de estrés.

El miedo, del que hemos hablado en otras ocasiones (imprescindibles artículo sobre el miedo, parte I y parte II) desencadena estrés sin duda, pero el estrés no está necesariamente asociado al miedo. Es el caso del castigo incontrolado o de la indefensión aprendida, el miedo desencadena distrés y daños psicológicos que pueden resultar irreversibles en los perros.

También te puede interesar:
• El estrés en los perros (I).
• El estrés en los perros (II).

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