Adiestramiento en positivo: volver a lo básico

Respeto, constancia, sentido común, técnica…

Jay Sisler, pionero del adiestramiento en positivo.

Los norteamericanos utilizan con frecuencia la frase “back to the basics”. Con ella hacen referencia a que cuando se alcanza un nivel determinado de sofisticación sin resultados, lo más probable es que la solución la encontremos “volviendo a lo básico”. Esta filosofía es aplicable a todo en la vida y, por supuesto, al adiestramiento canino.

Hace unos meses publicábamos los vídeos de Jay Sisler con sus aussies. Tenemos que admitirlo, nos declaramos fans acérrimos e incondicionales de Jay Sisler. El adiestramiento canino ha avanzado en los últimos 20 años mucho más que en los anteriores 100. Se ha comprendido cómo mejorar la comunicación con nuestros perros, cómo funcionan sus procesos cognitivos, se han formulado infinitas teorías… y algunas de ellas hasta han resultado acertadas. Pero en los años 50 Jay no utilizaba clicker, no tenía ningún máster en etología canina ni acudió a cursos de trucos con perros. Por supuesto no tenía Internet (no existía, claro), ni leía libros de etología canina.

Jay Sisler era «simplemente» un hombre que trabajaba con sus perros con unos principios muy claros, y conseguía resultados espectaculares (muchos de ellos no superados hoy en día) aplicando una reglas básicas. Pionero del adiestramiento en positivo aplicando unas técnicas que hoy en día son muy populares y «políticamente correctas», pero que el vaquero de Idaho ya utilizaba con éxito en sus aussies allá por los años 50.

Los 6 secretos de Jay Sisler
De la documentación que hemos recopilado de la época y una entrevista con su viuda, podemos extraer mucha información:

• Potenciaba la atención y concentración de sus perros. Lo primero que Jay enseñaba a sus perros era a mirarle a los ojos.

• Se centraba en un solo ejercicio. Cuando el perro había «cerrado» el ejercicio y lo ejecutaba a la perfección pasaba a otro, si no… insistía en el primero.

• Nunca entrenaba demasiado tiempo seguido. Evitaba saturar a los perros, para mantener la concentración al máximo, las sesiones no superaban los 10-15 minutos, y no más de dos o tres veces al día.

• Sin prisas, siempre sin prisas. Si un perro no avanzaba en los ejercicios, lo retiraba durante un tiempo del adiestramiento (un tiempo largo, a veces un mes… o dos). Cuando volvía, el perro avanzaba mucho más rápido.

• No utilizaba métodos de presión. Dirigía al perro al objetivo, nunca lo forzaba.

• Empleaba un lenguaje corporal muy claro e inteligible para los perros. Observando los vídeos que se conservan de la época, es muy fácil apreciar cómo Jay Sisler comunicaba con sus manos, sus gestos, quitándose el sombrero…

¿Cómo reforzaba los comportamientos deseados?
El gran secreto de Jay Sisler es el mismo que todos deseamos: comunicación y vínculo. Premiaba con palabras, elogios a sus perros, galletas y panqueques, pero el verdadero secreto era que sus perros actuaban con una alegría y disposición al trabajo encomiables gracias la conexión que había conseguido.

Todo lo comentado tiene ahora definiciones que utilizamos habitualmente: refuerzo, castigo, condicionamiento operante… Pero echemos la vista atrás, sesenta años atrás, sólo así podemos valorar el papel que jugó este hombre para conseguir sus trucos circenses con perros (algunos muy exagerados para lo que se estila hoy en día, hay que admitirlo) en lo que hoy llamamos «adiestramiento en positivo«.

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