El perro como compañero en la tercera edad

El amigo ideal de las personas mayores

El perro como compañero en la tercera edad.

Por: Eduardo de Benito.
Fotos: Fundación Affinity.

Los perros satisfacen muchas necesidades primordiales de las personas que las circunstancias de la vida obligan a vivir solas, ya que les permiten mantener unas relaciones emocionales marcadas por la amistad, el interés y el sacrificio de cuidar a otro que depende de ellos. Se ha escrito y se ha hablado mucho de los beneficios de los perros en los niños, por el contrario son pocos los estudios sobre los beneficios de la compañía canina sobre la soledad en la edad adulta, especialmente en la edad avanzada en que los vínculos con los animales de compañía son más fuertes y profundos que a cualquier otra edad. Las terapias asistidas con perros en los centros geriátricos constituyen la punta de lanza de una de las más nobles ocupaciones que le caben al perro, ayudar a su compañero humano en un periodo de la vida donde por desgracias tantas veces fallamos nosotros.

Solución a la soledad
Soledad, terrible palabra. El diccionario la describe como “carencia voluntaria o involuntaria de compañía” y también como “pesar y melancolía que se siente por la ausencia, muerte o pérdida de alguien o de algo”. En Europa el número de personas que viven solas se ha triplicado en los últimos años. La soledad amenaza convertirse en la gran lacra social del siglo XXI, pues sus consecuencias son devastadoras para la salud humana. Angustia emocional y depresión son sus consecuencias directas. Estudios recientes han comprobado la relación existente entre depresión e incremento de mortalidad. En una sociedad donde cada año crece el número de personas que viven solas, cabría esperar una adaptación social a estas circunstancias, pero los estudios sociológicos y médicos demuestran que la misma no se produce.

Las personas mayores que no tenían la compañía de un perro mostraron un deterioro en su salud tras el fallecimiento de su pareja mucho mayor que aquellas otras que mantenían o establecieron a raíz de la muerte del cónyuge un vínculo afectivo con un perro

El perro como compañero en la tercera edad.

Entre la población que más padece los efectos nocivos de la soledad se encuentran los ancianos. Son muchas las personas mayores que al quedarse solas descubren cómo la compañía de un perro satisface su necesidad de compañía y afecto, al restaurar el orden en sus vidas. El perro se convierte en un referente de la realidad cotidiana, amortiguando y normalizando la sensación de aislamiento. Europa es una sociedad envejecida, el número de ancianos se ha triplicado en los últimos años y una gran mayoría de ellos viven solos. La compañía que les presta un perro es vista como algo especialmente valioso por este grupo social. Un perro puede ayudar Al anciano a mantenerse vivo, empujarlo a seguir luchando por ese compañero canino contra las limitaciones físicas, el dolor y la soledad que tantas veces son intrínsecas a la ancianidad. Es muy indicativo el estudio de Sharon E. Source “Effects of Companion Animals During Conjugal Bereavement” publicado en 1993 en la revista Anthrozoos, que comprobó que las personas mayores que no tenían la compañía de un perro mostraron un deterioro en su salud tras el fallecimiento de su pareja mucho mayor que aquellas otras que mantenían o establecieron a raíz de la muerte del cónyuge un vínculo afectivo con un perro. Uno de los motivos principales es que el fuerte apego con el perro ayuda a las personas mayores a deprimirse menos y están comprobados los efectos perniciosos de la depresión sobre la salud.

Un compañero para todo
Para el anciano que vive en soledad el perro es un compañero al que puede cuidar, un compañero que le mantiene ocupado, un compañero al que puede observar y con el que puede jugar proporcionándole por tanto entretenimiento. Y, fundamentalmente, un amigo que se puede acariciar y tocar, algo muy importante. La ancianidad padece una privación sensorial, el anciano que vive solo, sin seres queridos, no puede satisfacer la necesidad que sentimos todos de tocar y acariciar a otro ser vivo. Rehuimos tocar a los viejos, como si las arrugas fuesen contagiosas. El antropólogo Ashley Montagu escribió un libro impresionante “El tacto. La importancia de la piel en las relaciones humanas” (Editorial Paídos, 2004) donde desvela la importancia de tocar, la interacción táctil para el ser humano, sobre todo para las personas de la tercera edad y su relación con la salud física y mental. La pérdida de contacto físico contribuye grandemente a la sensación de aislamiento que sienten los ancianos, acariciar a un perro, sentir un lengüetazo de afecto del animal es la mejor terapia.
Un perro le estimula a hacer ejercicio y le otorga seguridad en sí mismo y en su utilidad social, contribuyendo a mantener y mejorar su salud mental. Los perros ayudan a que el anciano rompa su aislamiento, puesto que le obligan a salir de su hogar al mundo exterior para que paseen y hagan ejercicio, con ello el anciano encuentra nuevos intereses y se ve obligado a comunicarse con otros propietarios de perros. Un perro además obliga a mantenerse activo, es necesario salir a la calle a que dé tres paseos diarios, durante estos paseos con seguridad se entra en contacto con otros poseedores de perros, con lo que se ve facilitada la comunicación evitando el aislamiento en que suelen sumirse las personas sin familiares.

Beneficios no valorados
Dados los beneficios que los animales de compañía comportan para las personas debería ser el Estado, en su política sanitaria, quien concienciase a la sociedad de los beneficios que esta tenencia reporta y del respeto que las personas con animales de compañía se merecen. También los ayuntamientos deberían facilitar la posesión de estos animales, en lugar de gravarla con impuestos y todo tipo de trabas. La persecución a la que los propietarios de perros se ven sometidos por las autoridades municipales, con multas por la prohibición de soltarlos en los parques, es mucho más dolosa cuando afecta a personas de la tercera edad, generalmente con una economía deprimida.

Los tipos de «animales de compañía»
El psicólogo M. Atkinson, divide a los animales de compañía en tres grupos, en razón a la compañía que aportan.
AMBIENTALES: Se caracterizan por exigir pocos cuidados y no permitir una verdadera relación, su efecto es básicamente ornamental (pájaros, peces)
DE PRIMER PLANO: Ocupan un lugar importante en la vida afectiva de sus propietarios, pero no favorecen sus relaciones sociales (por ejemplo los gatos)
DE CONTACTO: Además de los beneficios del grupo anterior facilitan las relaciones de sus dueños con otras personas, ya que es necesario sacarlos al exterior de la vivienda. Una virtud exclusiva de los perros. Este tercer grupo el que más beneficios sociales aporta a los ancianos y por consiguiente a la comunidad, no olvidemos que hoy la salud es un derecho humano.

La Fundación Affinity ha llevado a cabo varias campañas de donación de mascotas, acompañadas de ayuda para su manutención, a colectivos y personas de la tercera edad, en una labor educativa y de concienciación sobre este tema.

4 comentarios en “El perro como compañero en la tercera edad

  1. Estupendo artículo, que nos da una idea cabal de las muchas posibilidades que tiene el perro para mejorar nuestra calidad de vida. Me encanta ver como hemos sustituido los usos tradicionales del perro como el pastoreo o la caza por estas nuevas ocupaciones en las que es aún más valioso, como son las terapias asistidas con perro, el rescate de personas,etc.

  2. hola. estaba leyendo el articulo y me parecio excelente, me podria enviar una copia por favor. creo que es algo que debo conseiderar para mi madre. ya que es mayor y desde que murio mi padre ha estado un poco apagada. creo que un perrito le ayudaria mucho. que raza me recomienda. ella tiene 69 años. saludos y felicidades.

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