Los perros ayudaron al humano primitivo en su evolución

Puede ser la explicación de la extinción del hombre de Neanderthal

Nuevos descubrimientos y teorías sobre la evolución del perro junto a Homo sapiens y la extinción del hombre de Neanderthal.

Hace unos 250.000 años, los neanderthales vivieron y evolucionaron con bastante éxito en el área que ahora es Europa. Pero en algún momento entre 45.000 y 35.000 años atrás, los primeros Homo spiens empezaron a prosperar. Nuestros antecesores aumentaron su población multiplicándose por diez en los 10.000 años posteriores, mientras tanto,  los neanderthales se redujeron y finalmente desparecieron. La desaparición del hombre de Neanderthal es uno de los grandes misterios todavía sin descifrar. Pudo ser el cambio climático, la especial habilidad del Homo sapiens para fabricar herramientas… ¿o tal vez el perro?

Shipman piensa que los perros se utilizaron principalmente como ayuda en la caza y también como animales de carga

El perro como ayuda para el Homo sapiens
Es lo que piensa precisamente Pat Shipman, que ha elaborado una interesante teoría: Shipman ha analizado los resultados de las excavaciones con huesos fosilizados de cánidos en Europa, durante el tiempo en que los seres humanos y los neanderthales convivieron. Y ha encontrado en su conjunto evidencias convincentes de que los primeros seres humanos sintieron adoración ritual por el perro. Los esqueletos de cánidos encontrados en Předmostí, República Checa, (27.000 años de antigüedad) muestran entierros rituales. Las marcas de agujeros en los dientes de cánidos hallados en el mismo escenario sugieren que los primeros seres humanos utilizaron esos dientes como joyería… y la gente del Paleolítico no fabricaba adornos con animales que utilizaban simplemente para comer. También está el hecho que, al igual que los seres humanos, los perros rara vez se representan en el arte rupestre. Los perros que sí aparecen no eran animales para cazar, sino que se representaban como compañeros de viaje.

Shipman cree que los perros primigenios se utilizaron principalmente para dos cometidos: como ayudantes en la caza y como animales de carga. Aquellos perros del Paleolítico pesaban al menos 35 kilos y medían 60 centímetros a la cruz, y bien pudiera haber sido algo parecido a lo que hicieron los los «pies negros» y los Hidatsa del Oeste americano, que han creado perros grandes y fuertes específicamente para transportar objetos.

El poder de la mirada
Hay otra interesante teoría. Shipman sugiere que los perros representaron mucho más que compañeros para el hombre del Paleolítico. Podría ser que la cooperación mutua conllevara sus propios efectos sobre la evolución humana de la misma manera que la domesticación del ganado llevó a los seres humanos al desarrollo de la capacidad para digerir la leche. Es la hipótesis de «la mirada cooperativa» que se basa en la observación de que, en comparación con otros primates, los humanos tienen la parte blanca de los ojos muy visible. A efectos de caza en solitario nuestros ojos representas una clara desventaja (no sólo los ojos blancos tienden a destacarse contra un fondo oscuro de un bosque o una roca, indicando su ubicación, también revelan la dirección de su mirada). Y es difícil ser un cazador furtivo cuando tus ojos te delatan.

Los ojos expresivos, sin embargo, a pesar de su desventaja competitiva, tienen una gran cosa a su favor: Son excelentes en la comunicación. Cuando los primeros seres humanos cazaban en grupos, los ojos pudieron haber permitido «hablar» entre sí en silencio. Esto, a su vez, podría haber dado lugar a un impulso hacia una cooperación más arraigado.

En la actualidad, los bebés humanos siguen la mirada. El contacto visual es algo natural para nosotros, pero es un rasgo que nos hace únicos entre nuestros compañeros los primates.
Los perros, sin embargo, también reconocen el poder de la mirada. Shipman recuerda que los perros, como los bebés humanos, siguen la mirada. Los seres humanos y nuestros mejores amigos compartimos afinidad por el contacto visual, y es algo prácticamente único en el reino animal.

Ningún estudio genético ha confirmado todavía la prevalencia o ausencia de globos oculares blancos en los seres humanos del Paleolítico o en los Neanderthales… Pero si la mutación de la esclerótica blanca fuera más frecuentes entre los primeros -tal vez por casualidad- esta característica podría haber llevado a una mayor comunicación humano-perro y a la domesticación.

Fuente: Publicado en American Scientist.

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