Habituación en el perro y «miedos»

Solución para pequeños
miedos en los perros

La habituación es un mecanismo de aprendizaje muy sencillo, que se define como "la desaparición de las respuestas frente a un estímulo que no tiene consecuencias para el animal".El transportín es un elemento «neutro» hasta que no existen asociaciones… Puede ser positivo por el «efecto cueva», negativo si se utiliza para castigar aislando al perro, o simplemente continuar siendo neutro por pura habituación.

Todos los perros (o casi) tienen pequeños miedos en su vida diaria. Puede ser el perro que no quiere pisar un tipo de suelo (mármol por ejemplo), no «le gusta» el transportín, o que odia el bozal… Todas estas situaciones tienen algo en común: no le gustan a ese perro imaginario que hemos puesto como protagonista, pero lo cierto es que no suponen ningún peligro para él, son pequeños «miedos» que se pueden superar fácilmente mediante la positivización (de ello hablaremos otro día), o mediante la habituación

Habituación, un mecanismo simple del cerebro canino (y humano)
La habituación es un mecanismo de aprendizaje muy sencillo, que se define como «la desaparición de las respuestas frente a un estímulo que no tiene consecuencias para el animal». Ni el suelo, ni el transportín, ni el bozal tienen consecuencias, por lo tanto debería ser suficiente con habituar al perro a esas situaciones.

Pero la habituación en el perro, aunque aparentemente sencilla, no deja de tener sus propias «reglas del juego», que son:
• La habituación se produce más rápidamente cuanto más débil es el estímulo (es más fácil «convencer» al perro de introducirse en el transportín abierto, que si está cerrado).

• Si una vez producida la habituación, el estímulo no se presenta durante un tiempo suficientemente largo, la respuesta se recupera inmediatamente (o sea, que si ya está habituado a «algo»… que no pasen años cada vez que lo experimenta o tendremos que partir de cero).

• La habituación a un estímulo determinado puede causar la habituación a otro similar (si el perro se habitúa al bozal de cesta, seguro que le parecerá igual de bien el de nailon).

• Cuando la respuesta a un estímulo ha desaparecido por habituación, la presencia de un estímulo igual o similar pero en forma muy intensa puede causar una recuperación de la respuesta con una magnitud superior a la que tenía incluso antes de la habituación. Mucho ojo con este punto, ya que es un tremendo error pensar en «habituar» a los perros a los petardos o ruidos fuertes y avanzar demasiado deprisa. El perro puede habituarse a que exploten las burbujas de plástico de los embalajes… pero no por eso podrá ir a las Fallas. Estaríamos en el fenómeno opuesto: el perro se ha sensibilizado a los ruidos, y si eso sucede ya no será posible superar ese miedo mediante la habituación.

• La probabilidad de la habituación y su frecuencia dependerá de la naturaleza del estímulo (aquí se incluye la intensidad), de su frecuencia (puede ser poca, pero aún así la habituación se produce aunque más despacio), de su regularidad y del estado del perro.

La habituación constituye entonces la base para la corrección de los problemas de comportamiento resultantes de respuestas de miedo a algo inocuo, sólo a algo inocuo.  Hay estudiosos que afirman que la habituación, al ser tan específica, es tan compleja como las formas de aprendizaje asociativo. Comparable más a una forma elaborada de aprendizaje que a una mera adaptación neuronal.

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Un comentario en “Habituación en el perro y «miedos»

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