¿Por qué fracasan los adiestradores en las modificaciones de conducta?

Adiestrar es una cosa, modificar conductas es otra

Adiestrar es una cosa, modificar conductas es otra.

La propia definición nos lo explica muy claro.»Adiestrar»: «Enseñar a un animal a ejecutar determinados movimientos o habilidades siguiendo las órdenes de una persona.

Adiestrar es crear comportamientos, movimientos a habilidades, e incluso en adiestramientos avanzados alcanzar una precisión importante.

Pero modificar conductas tiene como objetivo promover el cambio de comportamientos que no resultan «aceptables» o apropiados. Skinner dijo «Los procedimientos en los que se basan las técnicas de modificación de conducta del condicionamiento operante son el reforzamiento, el castigo, la extinción y el control de estímulos«.

Acerca de la extinción
Ahora sabemos mucho más que nunca sobre el condicionamiento operante, sobre todo acerca de la extinción de comportamientos. El procedimiento de la extinción consiste en la omisión del reforzador después de haberse presentado la conducta cuya desaparición se está trabajando… Pero lo que Skinner no sabía es que el aprendizaje es algo físico, creando conexiones neuronales, que la extinción no elimina. Por eso en la práctica, por muy bien que se prepare el proceso de extinción, un comportamiento no se extingue por completo nunca. Dicho de otra forma: las conexiones neuronales no pueden volver a las situación anterior al aprendizaje que las creó.

Modificación de conducta en perros, versión «positiva»
Muchas de las técnicas de modificación de conducta tradicionales se basaban en algo tan «sencillo» como castigar el comportamiento inadecuado. En principio debe funcionar: Si el resultado de mis acciones es desagradable, no repetiré esas acciones.

Así, si un perro muerde la pata de una mesa… Si se le castiga (con intensidad suficiente e inmediatez) la teoría dice que dejará de hacerlo.

Pero en la actualidad sabemos que muchas conductas que los humanos no queremos en nuestro entorno son en realidad naturales (morder la pata de la mesa sería un buen ejemplo de comportamiento «inaceptable», pero natural). Así las cosas, parece más humano establecer los mecanismos necesarios para crear una conducta alternativa aceptable por nosotros que sustituya a la que queremos eliminar.

Si un perro muerde la pata de la mesa, para evitarlo podemos enseñarle a morder otro objeto más agradable pero que no nos importe como humanos, por ejemplo un asta de ciervo o un hueso de piel.

Nos encontramos entonces con una modificación de conducta que no castiga lo no deseado, sino que premia lo acertado. Conseguimos el objetivo mediante un refuerzo. El comportamiento no se extingue, solo se redirige.

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Pero no siempre funciona…
Este sistema en el que creamos conductas alternativas (o incompatibles, que no es lo mismo aunque se confunden) es muy útil y poderoso… Pero no infalible. Cuando existe una fuerte carga de instinto no es fácil crear una conducta alternativa que satisfaga al perro lo suficiente como para que la respuesta sea fiable. Por eso los perros con problemas de comportamientos inaceptables derivados del instinto de caza o pastoreo (por ejemplo) suelen necesitar más tiempo hasta conseguir resultados con cierta fiabilidad (que no infalibilidad).

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