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Intervenciones Asistidas con Animales en colectivos en riesgo de exclusión

La importancia de las Intervenciones Asistidas con Animales en los colectivos en riesgo de exclusión

Intervenciones Asistidas con Animales en colectivos en riesgo de exclusión.

La Cátedra Animales y Sociedad promueve los beneficios de las Intervenciones Asistidas con Animales como un mecanismo de apoyo para colectivos como población reclusa, personas sin hogar, mujeres víctimas de violencia de género o jóvenes en riesgo, entre otros.

En estas intervenciones, la presencia del perro ayuda a crear un entorno lúdico y estimulante que promueve que las personas muestren una mayor predisposición e iniciativa a participar en su evolución personal. Entre las actividades que desarrolla la Cátedra en la lucha por la inclusión social, destacan el programa Echando una pata y el primer programa de Intervención Asistida con Perros (IAP) en menores implicados en procesos judiciales

Estudios recientes estiman que, en la actualidad, existen 12,3 millones de personas en España que se encuentran en riesgo de exclusión social, un colectivo que engloba, entre otros, a desempleados de larga duración, inmigrantes, población reclusa, jóvenes en riesgo, personas sin hogar, drogodependientes, personas con diversidad funcional o víctimas de violencia de género. Estos datos han incentivado la necesidad de poner en marcha diversas estrategias que favorezcan el estado de los afectados en este problema y fomenten su inclusión en la sociedad, como ocurre con el caso de las Intervenciones Asistidas con Animales (IAA), una de las principales líneas de actuación de La Cátedra Animales y Sociedad de la URJC.

En estas intervenciones, incorporamos a un animal, que generalmente es un perro, como parte del tratamiento para colectivos en riesgo de exclusión social, con el objetivo de promover la mejoría de las funciones físicas, sociales, emocionales y cognitivas de los mismos. Así, la interacción con estos animales, que se asocia con experiencias positivas y motivantes, se sustenta como un apoyo a la alfabetización o una mejora de la convivencia en comunidades, así como una herramienta para fomentar el envejecimiento saludable e, incluso, de animación a la lectura; logrando también mejoras fisiológicas en la persona a través del descenso de la presión arterial, la liberación de la oxitocina o la reducción del estrés o depresión«, explica Nuria Máximo, directora de la Cátedra Animales y Sociedad.

Así, entre las estrategias que favorecen los procesos de inclusión social empleados en estos programas, destacan el optimismo y la motivación, ya que la presencia del perro ayuda a crear un entorno lúdico y estimulante que promueve que las personas muestren una mayor participación en las actividades que se realizan y, con ello, una mayor predisposición e iniciativa a participar en su evolución en el proceso de inserción social, incrementando las posibilidades de afrontar situaciones adversas, favoreciendo la disposición para el cambio y ayudándoles a crear un contexto de confianza en el que muestren sus sentimientos y vivencias, sin miedo a ser rechazados.

«El animal que participa en estas intervenciones asistidas actúa como elemento de apoyo para los usuarios que, en muchos casos, no consiguen conectar con un educador o terapeuta. Por ello, cuando generan un sentimiento de seguridad y confianza en estas personas, se convierten en un vehículo que propicia su bienestar integral a nivel individual y social, ayudándoles a identificar, gestionar y expresar sus emociones, aumentando su empatía y nivel de autonomía a la vez que fomenta su estabilidad emocional. Además, estas intervenciones sirven también para elevar la autoestima y autoconcepto y reducir sentimientos de rechazo y estigmatización; disminuyendo niveles de agresividad, impulsividad o problemas conductuales determinados”, detalla Nuria Máximo.

De esta forma, la implementación de programas de intervención asistida con animales que se han realizado a nivel nacional e internacional en centros penitenciarios o de menores han constatado que, gracias a ellos, los reclusos consiguen superar problemas de autoestima y comportamientos antisociales, fomentando sentimientos de afecto, cariño o solidaridad en los mismos, además de facilitar la adquisición de competencias personales como la paciencia, la tolerancia, la comprensión o la responsabilidad; lo que contribuye a reducir el número de suicidios estos entornos mientras favorece su reinserción en la sociedad.

Por otra parte, existen otros colectivos que necesitan de estas terapias para alejarse de ciertos contextos sociales desfavorables, ya que, según detalla la directora de la Cátedra Animales y Sociedad, “otro de los campos de actuación más desconocidos de estas intervenciones son las víctimas de violencia de género, ya que la presencia y relación con el animal ayuda a que la persona trabaje herramientas de empoderamiento, mejora de la autoestima, potencie las emociones positivas, disminuya el sentimiento de culpa o miedo y recupere la autonomía y la seguridad en sí misma”.

Entre las actividades que desarrolla la Cátedra en la lucha por la inclusión social, destaca el primer programa de Intervención Asistida con Perros (IAP) en menores implicados en procesos judiciales, llevado a cabo junto al Departamento de Justicia de la Generalitat de Catalunya y la entidad Perruneando Barcelona. Este proyecto, que actualmente acaba de terminar su tercera edición, se enfoca en el aprendizaje experiencial y en la necesidad de estos menores de adquirir más conocimiento sobre ellos mismos, con el fin de ser más autónomos en la toma de decisiones o contribuir en una mejora en la comunicación.

Echando una pata
Asimismo, cabe destacar el programa “Echando una pata”, un proyecto en colaboración con Perruneando Madrid y la Concejalía de Bienestar Animal del Ayuntamiento de Parla que actúa de forma bidireccional entre jóvenes en situación de vulnerabilidad y animales que han sufrido situaciones de abandono o maltrato, con el objetivo de crear conciencia sobre la necesidad de una buena convivencia responsable interespecie, experimentar el rol de agente de cambio social para mejorar la situación de los perros implicados y acercar a los adolescentes hacia alternativas de ocio saludable.

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