Filariasis canina, no es un problema estacional

Filariasis canina, no es un problema estacional.

La filariasis canina, tambiñen conocida como la «enfermedad del gusano del corazón», es una enfermedad parasitaria grave y potencialmente mortal provocada por el nematodo Dirofilaria immitis.

Afecta principalmente a los perros, aunque también puede perjudicar a otros cánidos e incluso a los gatos. Este parásito se transmite exclusivamente a través de la picadura de mosquitos culícidos (géneros Culex, Aedes y Anopheles), que actúan como vectores e introducen las larvas en el torrente sanguíneo del animal.

Riesgos y efectos en la salud del perro
El principal riesgo de la filariasis radica en su carácter silencioso y crónico. Tras la picadura, las larvas migran y se desarrollan durante meses hasta convertirse en gusanos adultos (que pueden medir entre 15 y 30 centímetros). Estos se alojan en el corazón (ventrículo derecho) y en las arterias pulmonares del perro.

El daño físico y mecánico que causan es devastador: obstruyen el flujo sanguíneo, inflaman los vasos y provocan lesiones graves en los pulmones y el tejido cardíaco. En fases iniciales, el perro puede no mostrar síntomas. Sin embargo, a medida que la carga parasitaria aumenta, aparecen señales como tos crónica, intolerancia al ejercicio, cansancio injustificado, pérdida de peso y dificultad para respirar. Si la enfermedad no se detecta a tiempo, evoluciona hacia una insuficiencia cardíaca congestiva, daño hepático y renal, o el peligroso «síndrome de la vena cava», un colapso cardiovascular que suele ser fatal.

El tratamiento para eliminar los gusanos adultos es complejo, costoso y conlleva riesgos serios para la vida del perro, ya que los parásitos muertos pueden provocar tromboembolismos pulmonares. Por ello, el enfoque médico siempre debe priorizar la prevención.

Incidencia en España: un mapa en expansión
Tradicionalmente, la filariasis canina en España ha sido una enfermedad endémica de zonas con climas cálidos y alta humedad, idóneos para la proliferación de mosquitos. Las regiones con mayor incidencia histórica son las Islas Canarias (especialmente Tenerife y Gran Canaria), las Islas Baleares, la cuenca del Ebro, Andalucía Occidental y la Comunidad Valenciana. En algunos puntos de estas zonas, la prevalencia en perros que no reciben prevención puede superar el 30% o 40%.

No obstante, debido al cambio climático, el aumento de las temperaturas globales, la proliferación del mosquito tigre (Aedes albopictus) y el movimiento de mascotas, la geografía de la enfermedad está cambiando. Regiones del norte y del interior de la península (como Madrid, Castilla y León o Galicia), que antes se consideraban libres de riesgo, registran cada año un incremento constante de casos autóctonos.

La clave absoluta: Estrategias de prevención
La prevención es la única herramienta 100% segura y eficaz para proteger a un perro. Los veterinarios recomiendan una estrategia de doble barrera:

Antiparasitarios internos (Efecto larvicida): Se administran de forma mensual (mediante comprimidos masticables o pipetas) o de forma anual (a través de una inyección que libera el medicamento lentamente). Estos fármacos eliminan las larvas transmitidas por el mosquito antes de que lleguen al corazón y se conviertan en adultos.

Repelentes externos: El uso de collares y pipetas con efecto repelente contra mosquitos reduce las probabilidades de picadura.

Control ambiental: Evitar pasear al perro a primera hora de la mañana o al atardecer cerca de aguas estancadas, y colocar mosquiteras en el hogar.

Importante: Antes de iniciar cualquier tratamiento preventivo, especialmente en zonas de riesgo, es imprescindible realizar un test de sangre rápido en la clínica veterinaria para confirmar que el perro es negativo. Administrar preventivos a un perro que ya tiene gusanos adultos en el corazón puede desencadenar una reacción alérgica grave y potencialmente mortal.

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